Cómo hacer tu plan de carrera profesional

A menudo, la gente acude a nosotros intentando averiguar qué deberían hacer en los próximos 10 o 20 años. Otros dicen que quieren encontrar “la carrera adecuada” para ellos.
El problema de todo esto es que, como ya hemos visto, es casi seguro que tu plan cambiará:
En cierto sentido, no existe una “carrera profesional adecuada para ti” que sea estable. Más bien, la mejor opción seguirá cambiando a medida que el mundo cambie y aprendas más. Muchas personas a las que hemos asesorado nunca habrían predicho el trabajo que acabaron haciendo.
La planificación a largo plazo podría incluso ser contraproducente. Existe el riesgo de obsesionarse con un plan específico y ser incapaz de modificarlo a medida que la situación cambia.
Dicho todo esto, renunciar a la planificación y al establecimiento de objetivos probablemente tampoco sea prudente. Como dijo Eisenhower: “Los planes son inútiles, pero la planificación es esencial”.
Tener alguna idea del lugar al que te gustaría llegar puede ayudarte a detectar oportunidades mucho mejores para avanzar. De hecho, si quieres tener un gran impacto positivo, diríamos que planificar es aún más importante. Muchos de los puestos de mayor impacto requieren un capital profesional especializado que es poco probable que se consiga por casualidad, como contactos con personas del ámbito de la bioseguridad o experiencia en habilidades técnicas específicas. Del mismo modo, llegar a la cima en muchos campos a menudo requiere décadas de esfuerzo concentrado.
Esta es la paradoja de la planificación: la mayoría de los “planes” cambiarán radicalmente mucho antes de completarse, pero aun así nos beneficia tenerlos.
Teniendo en cuenta todo esto, ¿cómo elaborar un buen plan de carrera profesional? Estos son nuestros principales consejos.
Tiempo de lectura: 20 minutos. O usa nuestra plantilla para hacer tu propio plan.
Tu carrera debe pasar por tres etapas:
Tu plan cambiará, y la mayoría de la gente no puede predecir qué trabajo estará haciendo dentro de 10 o 20 años. Pero sigue siendo útil tener una visión amplia a largo plazo: de 2 a 5 problemas globales que podrías intentar resolver y de 1 a 5 roles potenciales hacia los que orientarte a largo plazo.
Es aún más importante dedicar tiempo a encontrar tu mejor próximo paso: un trabajo específico, una oportunidad que te permita aprender o un proyecto que vayas a realizar en los próximos años que aumente tu impacto o tu capital profesional.
Genera una larga lista de ideas para los próximos pasos:
A continuación, crea un plan A/B/Z:
Identifica las incertidumbres clave de tu plan y luego investígalas. Si necesitas ayuda para concretar tu visión o tus próximos pasos, puedes utilizar nuestra herramienta de decisión.
Por último, fija un momento para revisar tu carrera profesional, normalmente en un plazo de 6 a 24 meses. Puedes utilizar nuestra herramienta para ayudarte.
Una respuesta muy común al rompecabezas de la planificación es intentar “mantener las opciones abiertas”.
Hay algo de sabiduría en esta idea: si obtienes capital profesional transferible, tendrás más opciones en el futuro. Y si tienes una gran incertidumbre sobre qué hacer, un curso de acción razonable es simplemente acumular capital profesional transferible y retomar tu plan más adelante.
Pero tras asesorar a miles de personas sobre sus carreras profesionales, hemos visto que esto puede tener algunos inconvenientes graves. Decidir simplemente “mantener las opciones abiertas” puede:
¿Qué deberías hacer entonces?
Recorre las siguientes tres etapas:
Y luego, continúa actualizando tu plan cada cierto tiempo (entre 1 y 3 años) a medida que aprendes más y el mundo cambia.
El capital profesional, la exploración y, por supuesto, el impacto de tu trabajo siempre serán relevantes para cada decisión profesional a la que te enfrentes a lo largo de tu carrera. Pero tu enfoque debe cambiar con el tiempo.
Las etapas tienen una duración distinta para cada persona:
A continuación, veremos otras formas que recomendamos para planificar tu carrera, sin dejar de tomar en serio la incertidumbre que esto conlleva.
Aunque el futuro es muy incierto, creemos que para la mayoría de las personas es útil tener al menos una idea vaga de dónde te gustaría llegar a largo plazo. Esta es tu visión.
Tu visión debe ser lo suficientemente amplia como para que no cambie constantemente, pero lo suficientemente específica como para proporcionar cierta orientación.
Tu visión debe incluir:
Tu rol a largo plazo suele definirse por un conjunto de habilidades de gran impacto, como las que enumeramos aquí, por ejemplo, creador de organizaciones o comunicador. A veces, es posible que quieras ser más específico, por ejemplo, escritor en lugar de comunicador, o tal vez quieras orientarte hacia una carrera profesional específica, como economista académico o abogado.
“A largo plazo” puede significar cualquier cosa entre cinco y veinticinco años; simplemente elige un plazo que tenga sentido para ti. Si has hecho los ejercicios de los artículos anteriores, ya deberías tener una lista reducida.
He aquí un ejemplo: Megan estaba estudiando en Pekín cuando alguien le sugirió que echara un vistazo a 80.000 Horas. Después de leer nuestra guía, decidió que quería trabajar para reducir los riesgos existenciales, y en particular los riesgos de la inteligencia artificial y la guerra nuclear.
Había dedicado algún tiempo a la investigación académica, pero sentía que el trabajo en su campo —las relaciones internacionales— probablemente no le ofrecería una trayectoria profesional de alto impacto. Así que su mejor apuesta fue aspirar a una trayectoria en el gobierno y la política. Su visión, si todo iba bien, era convertirse en una experta en relaciones multilaterales para luego asesorar a los actores principales sobre acuerdos multilaterales en torno a la IA.
Sin embargo, es posible que tu visión te parezca mucho más incierta que esta, y está bien. Solo necesitas una idea aproximada que te ayude a detectar oportunidades y a guiar tu exploración.
Como ya hemos visto, encontrar la mejor carrera profesional para ti es un proceso paso a paso, por lo que actualizarás tu visión cada par de años: añadiendo o eliminando opciones de tu lista y haciendo los elementos más específicos (por ejemplo, podrías empezar buscando puestos relacionados con la creación de organizaciones y, más adelante, centrarte en convertirte en especialista en relaciones públicas).
Un error común es obsesionarse con qué opciones a largo plazo parecen mejores en abstracto. Así que, una vez que tengas una idea aproximada de las opciones a largo plazo, céntrate en generar ideas para los próximos pasos concretos.
En última instancia, la decisión que debes tomar es qué hacer a continuación. Pensar en tu visión es útil, pero solo porque te ayuda a orientar esa decisión.
Tu próximo paso podría ser un nuevo trabajo, pero también podría ser un curso o un nuevo proyecto. Por lo general, sería algo que podrías hacer durante un par de años, aunque podría ser desde unos meses hasta más de 5 años. Por ejemplo: aceptar un trabajo en Oxfam, pasar un verano estudiando chino o empezar un blog mientras sigues con tu trabajo actual.
Intentar averiguar si deberías (por ejemplo) ser investigador (como el Dr. Nalin) o comunicador (como Rosa Parks) a largo plazo es difícil porque es abstracto.
A menudo es mucho más fácil decidir qué trabajo concreto aceptar o qué programa de posgrado cursar. A veces, la decisión es muy obvia: por ejemplo, si no te admiten en ningún buen programa de posgrado, esa opción queda descartada.
También es posible prescindir de tener una visión y centrarse únicamente en los siguientes pasos. Con cada paso, lo ideal es que ganes algo de capital profesional, aprendas más sobre lo que más te conviene y aumentes tu impacto, colocándote en una posición cada vez mejor y teniendo cada vez más impacto con el tiempo. De esta manera, puedes construir una gran carrera paso a paso, incluso si no tienes ni idea de dónde vas a terminar.
Esperamos que esto te resulte un alivio. Incluso si no tienes ni idea de lo que quieres hacer a largo plazo, puedes construir una gran carrera de forma iterativa. Y en caso de que sí tengas algunas buenas ideas para tu visión, eso es un plus.
Así que, aunque recomendamos que la mayoría de la gente dedique tiempo a pensar en su visión a largo plazo, deberían dedicar aún más tiempo a identificar y comparar los siguientes pasos concretos.
Para idear los siguientes pasos, existen dos enfoques generales.
El primero es trabajar hacia atrás a partir de tu visión: piensa en dónde te gustaría terminar y, a continuación, identifica las rutas más directas para conseguirlo.
La mejor manera de hacerlo es preguntar a personas del sector cómo alguien con tu perfil puede avanzar más rápidamente. Por ejemplo, pregunta: “Si quisiera desempeñar el cargo X dentro de cinco años, ¿qué tendría que hacer?”. O: “Si quisiera llegar a ser excelente en la habilidad X, ¿cómo podría hacerlo?”.
Piensa en qué tipos de capital profesional serán más importantes. Por ejemplo, Bill Clinton sabía que para tener éxito en la política necesitaría conocer a mucha gente, así que, incluso siendo estudiante universitario, mantenía una lista de todas las personas que iba conociendo en un bloc de notas.
Busca ejemplos de personas que hayan progresado inusualmente rápido y descubre cómo lo lograron.
Realizamos parte de este análisis en nuestras evaluaciones de carrera, pero nada sustituye el asesoramiento personalizado sobre los mejores próximos pasos para ti.
Si tienes dudas sobre una opción a largo plazo, otra pregunta que puedes plantearte es: “¿Cómo podría descartar esa opción?”. ¿Hay algo que puedas hacer para determinar de forma decisiva si tiene sentido o no seguir ese camino a largo plazo?
Dicho esto, es importante no aferrarse a un camino concreto.
La mayoría de las grandes carreras profesionales también implican trabajar hacia adelante: estar atento a las oportunidades que se presentan, seguir tu instinto y apostar por lo que funciona, incluso si no estás seguro de adónde te llevará finalmente.
Una razón es la imprevisibilidad inherente al éxito profesional.
Otra razón es que los próximos pasos varían mucho en lo prometedores que son, por lo que la variación entre trabajos específicos puede superar a la de las trayectorias profesionales amplias.
Por ejemplo, quizá pienses que la política de riesgo biológico es más urgente que la de riesgo nuclear en promedio, pero si encuentras un trabajo en política nuclear con un nivel de responsabilidad fuera de lo común, que encaje excepcionalmente bien contigo o donde trabajes con un gran mentor, fácilmente podría ser mejor trabajar en política nuclear.
Volviendo a Megan, cuando estaba decidiendo qué hacer después de su máster, para planificar a la inversa, consideró las formas en que podría avanzar más rápidamente en una carrera en el gobierno y la política. Incluyó opciones comunes, como conseguir un trabajo en un think tank, en su lista de opciones.
Pero también se dio cuenta de que su situación actual, viviendo y estudiando en China, podía abrirle oportunidades adicionales fuera de la trayectoria habitual. Vio un anuncio de un puesto de trabajo en el Departamento de Estado de EE. UU. en Pekín como analista de redes sociales chinas y lo consiguió. Desde entonces, ha logrado encontrar un puesto en el Departamento de Seguridad Nacional, lo que la acerca a su visión de trabajar en la reducción del riesgo que plantean los sistemas de inteligencia artificial.
Al planificar hacia adelante, es útil hacer una gran lista de trabajos y oportunidades de formación interesantes, incluso si no contribuyen de forma evidente a los planes actuales a largo plazo. A continuación se indican los pasos que se pueden seguir:
Muchas oportunidades también surgen solo después de empezar a buscarlas. Por lo tanto, una de las estrategias más útiles es, simplemente, buscar y postularte a muchos trabajos específicos.
A menudo nos encontramos con personas que se angustian por diferentes trayectorias a largo plazo; si simplemente hubieran enviado solicitudes, el siguiente paso se habría hecho evidente.
En el próximo artículo abordaremos cómo gestionar el proceso de solicitud de empleo.
Los fundadores de empresas emergentes tienen una visión amplia de la empresa, pero se enfrentan a enormes incertidumbres en los detalles de su producto y estrategia. Para ello, ponen a prueba muchos enfoques y mejoran gradualmente su plan con el tiempo.
Te enfrentas a incertidumbres igualmente grandes en tu carrera profesional, por lo que podríamos tomar prestadas algunas de las mejores prácticas del emprendimiento y aplicarlas a la estrategia de carrera. Esta es la premisa de The Start-up of You, un libro del fundador de LinkedIn, Reid Hoffman. Uno de sus consejos es elaborar un “plan A/B/Z”, que también nos ha resultado útil al dar asesoramiento personalizado a nuestros lectores.
Elaborar un plan A/B/Z te ayuda a pensar en alternativas específicas y planes de respaldo, lo que te coloca en una mejor posición para adaptarte cuando la situación cambie.
Tu Plan A es tu mejor apuesta sobre el camino que más te gustaría seguir.
Podría ser una visión concreta por la que apuestes, y el siguiente paso que esto implicaría.
Por ejemplo: Intenta convertirte en un economista académico que trabaje en la investigación de prioridades globales o en políticas de inteligencia artificial (visión), estudiando estos cursos adicionales de matemáticas durante la carrera (siguiente paso).
Si no estás muy seguro de tu visión, también podrías plantearte probar varias trayectorias a largo plazo, dando un par de próximos pasos cuidadosamente ordenados, como explicamos en el artículo sobre aptitud personal.
O tu plan A podría consistir simplemente en acumular un valioso capital profesional transferible (por ejemplo, aprender a gestionar equipos, obtener un título en estadística) y luego reevaluar tu plan más adelante.
Son alternativas prometedoras a las que podrías recurrir si tu Plan A no funciona. Ponerlas por escrito de antemano te ayudará a estar preparado para nuevas oportunidades.
Para elaborar tu Plan B, pregúntate:
A continuación, elabora dos o tres alternativas. Por ejemplo:
Tu Plan Z es lo que harás si todo esto sale mal.
En otras palabras, si tus planes A y B no funcionan, ¿qué harás para pagar las cuentas hasta que te recuperes?
Tener un Plan Z no solo te ayuda a evitar consecuencias personales inaceptables, sino que también te permite sentirte más cómodo tomando riesgos: saber que, en última instancia, estarás bien, hace que sea más fácil ser ambicioso.
Tu plan Z puede ser muy breve si te sientes cómodo con el riesgo que asumes o si tu posición es segura. Si tu situación es de mayor riesgo (por ejemplo, si tienes personas a tu cargo), quizá quieras planificar con más cuidado.
Algunos ejemplos comunes son dormir en el sofá de un amigo mientras pagas las facturas dando clases particulares o trabajando en un café, vivir de tus ahorros, volver a tu antiguo trabajo, regresar con tu familia o aceptar un trabajo que te resulte relativamente poco exigente.
Incluso podría ser algo más aventurero, como irte a enseñar inglés a Asia, un trabajo sorprendentemente demandado y poco competitivo que te permite conocer una nueva cultura.
A continuación, pregúntate: “¿Es aceptable este plan Z?”. Si no es así, quizá tengas que revisar tu plan A o priorizar la creación de tu red de seguridad durante un tiempo.
A veces es necesario asumir riesgos para lograr un gran impacto. Pensar en ellos con antelación puede facilitar esta tarea.
En primer lugar, ten claro cuál es realmente el peor escenario posible si persigues tu Plan A. Es fácil tener temores vagos sobre el “fracaso”, y las investigaciones demuestran que, cuando pensamos en acontecimientos negativos, nos vienen a la mente sus peores aspectos, mientras ignoramos todo lo que permanecerá igual. Esto llevó al premio Nobel Daniel Kahneman a decir:
Nada en la vida es tan importante como crees que es mientras estás pensando en ello.
A menudo, cuando analizas el peor escenario realista, te das cuenta de que no es tan malo y que es algo que podrías superar a largo plazo.
Los riesgos a los que hay que prestar más atención son aquellos que podrían reducir permanentemente tu felicidad o tu capital profesional, como el agotamiento, la depresión o la ruina de tu reputación. También es posible que tengas personas que dependen de ti.
En segundo lugar, ¿hay algo que puedas hacer para asegurarte de que los riesgos graves no ocurran?
Mucha gente piensa que los emprendedores que abandonaron la universidad, como Bill Gates, son personas que asumieron riesgos audaces para triunfar. Pero Gates trabajó en ventas de tecnología durante aproximadamente un año a tiempo parcial mientras estudiaba en Harvard, y luego negoció un año de excedencia para fundar Microsoft. Si hubiera fracasado, Gates podría haber vuelto a estudiar ciencias de la computación en Harvard; en realidad, apenas asumió riesgos. Por lo general, si lo piensas un poco, podrías evitar los peores riesgos de tu plan.
En tercer lugar, haz un plan sobre lo que harías si el peor de los casos llega a ocurrir. Piensa en qué harás para sobrellevarlo y hacerlo menos malo (además de tener un plan Z como respaldo, como se mencionó anteriormente).
Si te sirve de ayuda, recuerda que probablemente seguirás teniendo comida, amigos, una cama cómoda y una habitación a la temperatura perfecta: mejores condiciones que las que ha enfrentado la mayoría de la gente en toda la historia.
En cuarto lugar, si en este punto los riesgos siguen siendo inaceptables, es posible que tengas que cambiar tu Plan A. Por ejemplo, tal vez necesites dedicar más tiempo a construir tu reserva financiera.
Realizar estos ejercicios hace que el riesgo sea menos intimidante y te prepara mejor para afrontarlo si ocurre lo peor.
Tu plan debería cambiar a medida que aprendes más, pero es muy fácil quedarse estancado en el camino que ya has emprendido. No cambiar de rumbo cuando existe una opción mejor es uno de los errores más comunes en la toma de decisiones identificados por los psicólogos, y puede deberse a la falacia del costo hundido o al sesgo del statu quo.
Para ayudarte a evitar este error, necesitas establecer un punto de revisión. Aquí tienes dos opciones:
Al hacer la revisión, la pregunta más importante que debes hacerte es: ¿qué he aprendido desde la última vez que hice un plan y qué podría implicar eso para definir los mejores caminos a largo plazo y los siguientes pasos?
Luego, comenta tus reflexiones con otra persona. Los demás suelen detectar mejor la falacia del costo hundido, y se ha demostrado que tener que justificar tu razonamiento ante alguien reduce tu nivel de sesgo.
Si tienes más tiempo, puede ser útil empezar de cero: si hiciera hoy mi plan de carrera, ¿qué visión y qué próximos pasos parecerían los mejores? Esto puede ayudarte a salir de tu situación actual y ver las cosas con otros ojos.
Sintetizando todos estos consejos, aquí tienes los siete pasos para elaborar tu propio plan de carrera:
¿En qué etapa de tu carrera te encuentras? ¿Explorando, acumulando capital profesional o desplegando el que ya tienes?
¿Cuál es tu visión? Si aún no lo has hecho, esboza una lista preliminar con tus mejores opciones de puestos a largo plazo a los que aspirar y problemas globales en los que trabajar: tu visión.
Ahora, haz una estimación inicial de cuáles son los 5-10 siguientes pasos más prometedores. Si te cuesta reducirlos, también puedes utilizar nuestro proceso de decisión para ayudarte. Consulta las listas de preguntas para comparar opciones en términos de capital profesional y en términos de aptitud personal que aparecen más arriba en la guía.
A continuación, haz una estimación inicial de tus planes:
¿Cuáles son tus incertidumbres clave más apremiantes sobre todo lo anterior? Presentamos la idea de una incertidumbre clave en el artículo sobre aptitud personal, pero se puede aplicar a todos los aspectos de tu plan: visión, estrategia, próximos pasos y opciones A/B/Z. ¿Qué información cambiaría más tu clasificación de opciones o tu Plan A?
¿Cómo podrías resolver mejor esas incertidumbres clave? Si tienes tiempo, aborda esta cuestión. Lo ideal es seguir investigando hasta que tus mejores suposiciones dejen de cambiar.
En este punto, a menudo lo mejor es simplemente seguir tu lista de próximos pasos y luego reevaluar tu plan una vez que tengas opciones concretas sobre la mesa. Hablaremos sobre cómo conseguir trabajo en el próximo artículo.
Ahora también es un buen momento para considerar solicitar una conversación individual con nuestro equipo. Pueden ayudarte a revisar tu plan, decidir qué próximos pasos priorizar y empezar a avanzar.
Una vez que tengas ofertas de trabajo concretas, puedes utilizar nuestro proceso de decisión profesional para elegir entre ellas. Es el mismo proceso para comparar trayectorias a largo plazo, pero también se puede aplicar a los próximos pasos.
Por último, una vez que empieces a trabajar, establece un momento de revisión. (Cuando hagas tu revisión, considera utilizar nuestra herramienta de revisión profesional anual.)
Podría valer la pena dedicar un fin de semana entero a la planificación de tu carrera. Si te apetece, hemos creado una plantilla de planificación que cubre todos los ejercicios clave de la guía hasta el momento. Si la completas, tendrás un plan de carrera completo. (Prueba a hacerlo con un amigo para tener apoyo moral y debatir las opciones).
O consulta un resumen de toda la guía profesional.