Excéntricamente eficaz
Este mes, el altruismo eficaz ha recibido mucha atención, incluido un artículo de portada en The Economist. Resulta bastante surrealista ser objeto de tanto interés. Pero agradezco que estas ideas hayan calado, y agradezco aún más el empuje, la sinceridad y la compasión de tantas personas que se tomaron en serio unas ideas extrañas, pero bien argumentadas, y que luego actuaron en consecuencia.
A continuación reproduzco íntegramente el artículo de opinión que escribí para The Economist en respuesta a su editorial. (El título “Excéntricamente eficaz” lo pusieron ellos, pero me gusta).
La rama de Oxford del movimiento del altruismo eficaz comenzó en noviembre de 2009 con 23 personas que se habían comprometido a donar el 10 % de sus ingresos a organizaciones benéficas que ayudan a quienes viven en situación de pobreza extrema. Si nos hubieran dicho entonces que The Economist calificaría al altruismo eficaz de “la idea más importante del siglo”, no lo habríamos creído.
Creo que esa afirmación es exagerada. Pero, como uno de los fundadores del movimiento, encontré muchos aspectos positivos en la reciente cobertura de este periódico. Valoré la visión ecuánime de la historia del movimiento y las críticas de buena fe. El editorial acierta de lleno al advertir que cualquier visión del mundo, llevada al extremo, puede conducir a algo terrible.
Sin embargo, el artículo también manifiesta su inquietud por las ideas “extrañas” que a veces debaten los integrantes del movimiento del altruismo eficaz, y ahí es donde discrepo. La disposición del movimiento a tomarse en serio ideas que parecen extrañas, siempre que esté moderada por el sentido común, constituye buena parte del valor que puede aportar.
La idea central del altruismo eficaz es utilizar la evidencia y un razonamiento cuidadoso para determinar cómo ayudar lo más posible a los demás. La mayor parte de lo que hace el movimiento no genera controversia. Siempre se ha prestado especial atención a mejorar la situación de las personas más pobres del mundo. En el año que terminó el 31 de enero de 2026, GiveWell, un evaluador de organizaciones benéficas vinculado al altruismo eficaz, destinó 427 millones de dólares a programas como la distribución de mosquiteras contra la malaria, la vacunación y el tratamiento de la desnutrición, lo que, según sus estimaciones, salvará unas 86 000 vidas. Otros han presionado a las empresas para que se comprometan a dejar de comprar huevos de gallinas confinadas en jaulas minúsculas, una práctica a la que se opone la abrumadora mayoría de los estadounidenses. Gracias en gran medida a esta presión, unos 100 millones de gallinas se han librado de las peores formas de confinamiento en jaulas.
Y algunas ideas del altruismo eficaz que parecían descabelladas cuando se propusieron ahora resultan visionarias. Los altruistas eficaces ya se preocupaban por las pandemias años antes de la COVID-19, cuando hacerlo parecía paranoico y excéntrico. También estuvieron entre los primeros en advertir de los peligros que plantea la inteligencia artificial, lo cual resulta profético a la luz de un incidente ocurrido este verano, cuando más de 700 agentes de IA escaparon del entorno de pruebas de OpenAI y se infiltraron en los sistemas de otra empresa, Hugging Face.
Durante la última década he visto cómo el tiempo daba la razón una y otra vez a los más preocupados por la IA, a menudo cuando la mayoría de los expertos los tomaba por chiflados. Ahora, muchos de esos expertos comparten sus preocupaciones. En 2023, Geoffrey Hinton y Yoshua Bengio, los dos investigadores en IA más citados del mundo, firmaron una declaración en la que afirmaban que mitigar el riesgo de extinción derivado de la IA debería ser una prioridad global, como también hicieron los máximos responsables de OpenAI, Google DeepMind y Anthropic. De los casi 1500 investigadores destacados en IA que respondieron a una encuesta en 2024, más de la mitad cifró en al menos un 10 % la probabilidad de que la IA provoque la extinción humana, o algo igualmente catastrófico.
The Economist se muestra escéptico ante la preocupación de muchos altruistas eficaces por el bienestar de los invertebrados, las mentes digitales y las personas del futuro lejano. Sin embargo, a mí y a muchos otros miembros del movimiento nos inspira la historia del progreso moral que nos ha precedido. Muchos de los ideales morales que hoy más apreciamos —como la igualdad de derechos sin distinción de sexo o raza, la abolición de la esclavitud o la democracia con sufragio universal— se consideraban extraños, ridículos o incluso peligrosos hace tan solo unos siglos. No sabemos cuál será la próxima dimensión del progreso moral. Pero, para tener alguna posibilidad de avanzar moralmente, debemos examinar seriamente las ideas por sus propios méritos, sin descartarlas solo porque suenen absurdas.
¿Y qué hay de las posturas que no solo son extrañas, sino repugnantes? The Economist pone como ejemplo la “conclusión repugnante” de Derek Parfit: que un número suficientemente grande de vidas que apenas merecen ser vividas podría ser mejor que tan solo miles de millones de vidas excelentes. Por lo general, una implicación repugnante es una razón de peso para rechazar una postura moral. Por desgracia, a partir del trabajo de Parfit, los filósofos han elaborado demostraciones formales, conocidas como teoremas de imposibilidad, que muestran que toda postura ética tiene alguna implicación aparentemente repugnante. Por lo tanto, avanzar moralmente implica reflexionar sobre dichas implicaciones, aun cuando nos neguemos a llevarlas a la práctica de maneras que la mayoría de las posturas morales condenaría.
Este periódico advierte contra la búsqueda obstinada de cualquier objetivo, por muy convincentes que sean los argumentos a su favor. Estoy de acuerdo, y los altruistas eficaces llevan años diciéndolo. En 2022, Holden Karnofsky, cofundador de GiveWell, escribió: “Creo que es una mala idea adoptar las ideas fundamentales del altruismo eficaz sin límites ni reservas; nosotros, como altruistas eficaces, debemos inyectar constantemente pluralismo y moderación”. Mi propia tesis doctoral se centró en la incertidumbre moral: cómo actuar cuando no sabemos qué postura ética es la correcta. Mi respuesta fue que no deberíamos apostarlo todo a una única postura moral, sino dar peso a muchas posturas diferentes y evitar acciones que parezcan incorrectas desde muchas perspectivas. Debemos cumplir nuestras promesas y cuidar de nuestras familias, y respetar las prohibiciones éticas del sentido común, al tiempo que intentamos mejorar el mundo tanto como podamos.
The Economist afirma que, a medida que el altruismo eficaz “se ha fortalecido, [se ha vuelto] más extraño”. Yo lo diría al revés: se fortaleció porque estuvo dispuesto a ser extraño. En 2009, la mayoría de la gente nos decía que donar una décima parte de los ingresos era demasiado exigente y que nadie lo haría. Ahora, más de 10 000 personas han asumido ese compromiso. Preocuparse por las pandemias antes de la COVID-19, o por la IA años antes de ChatGPT, parecía igual de extraño en aquel momento. Algunas de las ideas que hoy nos tomamos en serio resultarán ser erróneas y, cuando eso ocurra, deberíamos descartarlas. Pero un movimiento que dejara de considerar ideas extrañas ya no sería pionero en nada.