La era de la inteligencia

por Sam Altman
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En las próximas dos décadas, seremos capaces de hacer cosas que a nuestros abuelos les habrían parecido magia.

Este fenómeno no es nuevo, pero se acelerará de forma inédita. Las personas se han vuelto mucho más capaces con el paso del tiempo; hoy podemos lograr cosas que nuestros antepasados habrían considerado imposibles.

Y somos más capaces no por un cambio genético, sino porque nos beneficiamos de que la infraestructura de la sociedad sea mucho más inteligente y capaz que cualquiera de nosotros; en un sentido importante, la sociedad misma es una forma de inteligencia avanzada. Nuestros abuelos —y las generaciones que los precedieron— construyeron y lograron grandes cosas. Contribuyeron a erigir el andamiaje del progreso humano del que todos nos beneficiamos. La IA brindará a las personas herramientas para resolver problemas complejos y nos ayudará a añadir nuevos puntales a ese andamiaje que no habríamos podido idear por nuestra cuenta. La historia del progreso continuará, y nuestros hijos serán capaces de hacer cosas que nosotros no podemos.

No sucederá de golpe, pero pronto podremos trabajar con una IA que nos ayude a lograr mucho más de lo que jamás podríamos sin ella; con el tiempo, cada uno de nosotros podrá tener un equipo personal de IA, lleno de expertos virtuales en diferentes áreas que trabajarán juntos para crear casi cualquier cosa que podamos imaginar. Nuestros hijos tendrán tutores virtuales que podrán ofrecerles instrucción personalizada en cualquier materia, en cualquier idioma y al ritmo que necesiten. Podemos imaginar ideas similares para lograr una mejor atención médica, la capacidad de crear cualquier tipo de software que alguien pueda imaginar y mucho más.

Con estas nuevas capacidades, podemos alcanzar una prosperidad compartida en un grado que hoy parece inimaginable; en el futuro, la vida de todos podrá ser mejor de lo que es hoy la de cualquiera. La prosperidad por sí sola no necesariamente hace feliz a la gente —hay muchas personas ricas que son desdichadas—, pero mejoraría de manera significativa la vida de las personas en todo el mundo.

Una forma simplificada de ver la historia de la humanidad es la siguiente: tras miles de años de descubrimientos científicos y progreso tecnológico acumulados, hemos descubierto cómo fundir arena, añadir algunas impurezas, organizarla con asombrosa precisión a una escala extraordinariamente pequeña en chips de computadora, pasar energía a través de ella y terminar con sistemas capaces de crear una inteligencia artificial cada vez más capaz.

Esto podría terminar siendo el hecho más trascendental de toda la historia, hasta ahora. Es posible que tengamos superinteligencia en unos cuantos miles de días (!); tal vez tome más tiempo, pero confío en que lo lograremos.

¿Cómo llegamos a las puertas del próximo salto de prosperidad?

En cuatro palabras: el aprendizaje profundo funcionó.

En 18 palabras: el aprendizaje profundo funcionó, mejoró de forma predecible con la escala y le dedicamos cada vez más recursos.

En realidad, eso es todo; la humanidad descubrió un algoritmo capaz de aprender de verdad cualquier distribución de datos (o, más bien, las «reglas» subyacentes que producen cualquier distribución de datos). Con un grado de precisión asombroso, cuanto más poder de cómputo y datos hay disponibles, mejor ayuda a las personas a resolver problemas difíciles. Me doy cuenta de que, por más tiempo que pase pensando en esto, nunca logro asimilar del todo lo trascendental que es.

Hay muchos detalles que aún tenemos que resolver, pero es un error distraerse con algún reto en particular. El aprendizaje profundo funciona, y resolveremos los problemas pendientes. Podemos decir muchas cosas sobre lo que podría pasar después, pero la principal es que la IA mejorará con la escala, y eso llevará a mejoras significativas en la vida de las personas en todo el mundo.

Los modelos de IA pronto servirán como asistentes personales autónomos que realizarán tareas específicas por nosotros, como coordinar nuestra atención médica. Más adelante, los sistemas de IA llegarán a ser tan buenos que nos ayudarán a crear mejores sistemas de próxima generación y a lograr avances científicos en todos los ámbitos.

La tecnología nos llevó de la Edad de Piedra a la Era Agrícola y luego a la Era Industrial. A partir de aquí, el camino hacia la Era de la Inteligencia está pavimentado con poder de cómputo, energía y voluntad humana.

Si queremos poner la IA en manos de la mayor cantidad de personas posible, necesitamos reducir el costo del poder de cómputo y hacerlo abundante (lo cual requiere mucha energía y muchos chips). Si no construimos suficiente infraestructura, la IA será un recurso muy limitado por el que se librarán guerras y que se convertirá principalmente en una herramienta para ricos.

Debemos actuar con sabiduría, pero con convicción. El amanecer de la Era de la Inteligencia es un acontecimiento trascendental que conlleva desafíos muy complejos y de altísimo riesgo. No será una historia totalmente positiva, pero las ventajas son tan enormes que nos debemos a nosotros mismos, y al futuro, descubrir cómo sortear los riesgos que tenemos por delante.

Creo que el futuro será tan brillante que nadie podrá hacerle justicia al intentar escribir sobre él ahora; una característica definitoria de la Era de la Inteligencia será la prosperidad masiva.

Aunque sucederá de forma gradual, proezas asombrosas —como estabilizar el clima, fundar colonias espaciales y descubrir todas las leyes de la física— acabarán por convertirse en algo habitual. Con una inteligencia casi ilimitada y energía abundante —la capacidad de generar grandes ideas y la de hacerlas realidad— podemos lograr muchísimo.

Como hemos visto con otras tecnologías, también habrá aspectos negativos, y debemos empezar a trabajar ahora para maximizar los beneficios de la IA y minimizar sus daños. Como ejemplo, prevemos que esta tecnología provoque cambios significativos (buenos y malos) en los mercados laborales en los próximos años, pero la mayoría de los empleos cambiarán más lentamente de lo que la mayoría de la gente cree, y no temo que nos quedemos sin cosas que hacer (incluso si hoy no nos parecen «trabajos de verdad»). Las personas tienen un deseo innato de crear y de ser útiles las unas a las otras, y la IA nos permitirá potenciar nuestras propias capacidades como nunca antes. Como sociedad, volveremos a estar en un mundo en expansión y podremos centrarnos de nuevo en participar en juegos de ganar-ganar.

Muchos de los trabajos que hoy realizamos les habrían parecido una completa pérdida de tiempo a las personas de hace unos cientos de años, pero nadie mira hacia el pasado deseando ser farolero. Si un farolero pudiera ver el mundo actual, pensaría que la prosperidad a su alrededor es inimaginable. Y si pudiéramos avanzar cien años desde hoy, la prosperidad a nuestro alrededor nos parecería igual de inimaginable.


Publicación original: Sam Altman (2024) The Intelligence Age, Sam Altman’s Blog, 23 de septiembre.