La turbulenta era de la IA ya está aquí. Las decisiones que tomemos ahora son cruciales

por Bill Gates
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Necesitamos un plan para garantizar que lo bueno supere a lo malo

A lo largo de toda mi vida solo he tenido dos trabajos. En el primero, durante mi etapa en Microsoft, participé en el desarrollo de software para empoderar a las personas.

En el segundo, que empecé a tiempo completo en 2008, estoy devolviendo la riqueza que gané en Microsoft con el objetivo de lograr un mundo más saludable, más equitativo y con mejor educación. Este es el trabajo al que me dedicaré el resto de mi vida.

Ambas experiencias dan forma a mi perspectiva sobre la inteligencia artificial. Cuando descubrí las computadoras a los 13 años, me fascinó la idea de hacerlas más inteligentes y capaces de realizar tareas que, en aquel momento, solo los humanos podían hacer. Aunque el término «IA» se utilizaba desde aproximadamente la época en que nací, la tecnología solo ha logrado avances significativos en la última década. Ahora es increíblemente capaz y sigue mejorando a un ritmo alucinante. Por primera vez, la IA puede sustituir e incluso superar la cognición humana.

En términos de equidad, la IA será el mayor igualador jamás inventado o la peor fuente de injusticia. El desafío es monumental. Incluso en las mejores circunstancias, la transición a esta nueva era de la IA será uno de los momentos más turbulentos en la historia de la humanidad. ¿Cómo usaremos esta tecnología para hacer del mundo un lugar más justo y evitar que amplíe la brecha entre ricos y pobres? ¿Cómo protegeremos a las personas más vulnerables a los daños causados por la inteligencia artificial, incluidas aquellas que pierdan sus medios de vida y la sensación de que controlan su futuro?

Creo que responder a estas preguntas y actuar en consecuencia debería ser la máxima prioridad mundial. Si el mundo toma las medidas adecuadas, la IA será una fuerza para el bien y mejorará la vida de todos.

Por desgracia, ahora mismo no nos estamos preparando para ello. No veo indicios de que los líderes, los expertos y las comunidades estén afrontando los desafíos de manera adecuada. No existe ningún plan para facilitar la entrada en la era de la IA.

Esto se debe, en parte, a que muchos comentaristas subestiman la magnitud del impacto que tendrá la IA. Creo que hay varias razones que lo explican.

Una de ellas es que los modelos de IA siguen cometiendo errores. Resulta difícil imaginar que alguno de ellos reemplace la cognición humana cuando, hace no mucho, no podían resolver un simple sudoku ni averiguar cuántas «R» hay en la palabra strawberry.

Pero el problema de la fiabilidad se está resolviendo rápidamente, ya que los investigadores crean modelos capaces de revisar su propio trabajo y mejorarse a sí mismos. Pronto serán sustancialmente mejores que los humanos en muchas tareas.

Otra razón por la que la gente subestima la IA es que las analogías con los efectos de innovaciones pasadas son engañosas. No tenemos experiencia con una tecnología que pueda adoptarse rápidamente o que sea capaz de pensar y moverse como un humano. Cuando apareció la computadora personal, se tardó veinte años en cambiar significativamente nuestra forma de trabajar, porque había que desarrollar el software, el precio tenía que bajar y la gente tenía que aprender a utilizar las herramientas e incorporarlas a sus procesos empresariales. La IA, por el contrario, funciona en los dispositivos que ya tenemos y utiliza el lenguaje natural. No tenemos que adaptarnos a ella, porque puede adaptarse a nosotros. Puede ver el mismo vídeo de capacitación que se utiliza con los trabajadores humanos y aprender a partir de los datos existentes.

Quiero reconocer un posible sesgo. Me he beneficiado enormemente del sector tecnológico. Aunque he diversificado bastante mi cartera, sigo teniendo vínculos financieros con él. Colaboro con Microsoft y otras empresas de IA en mi calidad de presidente de la Fundación Gates para intentar garantizar que la IA se implemente de forma que beneficie verdaderamente a las personas de todo el mundo.

Sin embargo, mis opiniones sobre la IA no están motivadas por la posibilidad de ganar dinero personalmente. Todas las ganancias generadas por mis inversiones, incluidas las relacionadas con la tecnología, se destinarán a la Fundación Gates para combatir la desigualdad global. Por supuesto, los lectores tendrán que decidir por sí mismos si esto nubla mi juicio.

Esta vez sí que es diferente

Desde que tengo memoria, he deseado que la innovación avanzara más rápido. Con la IA, mis sentimientos son más complicados.

Desearía que el mundo pudiera obtener los beneficios rápidamente y retrasar lo más posible los problemas que causará, pero unos y otros están llegando al mismo tiempo. Creo que necesitamos tiempo para prepararnos ante el periodo de agitación social, política y económica en el que estamos a punto de entrar. Las personas que más tiempo necesitan son las que menos tienen: el empleado de contabilidad que es sustituido por un bot o el trabajador de 20 dólares la hora que pierde su empleo a manos de un robot de 10 dólares la hora.

Muchos observadores afirman que esta transición tecnológica será como las anteriores. Ponen como ejemplo el modo en que los empleos en Estados Unidos pasaron de la agricultura al trabajo de oficina. Sin embargo, ese proceso se prolongó durante varias generaciones y creó nuevos puestos de trabajo que requerían cognición humana. En este caso, la tecnología puede sustituir la cognición humana.

Dado que puede ver, escuchar, hablar y razonar, y que con el tiempo realizará trabajo físico con la misma soltura que cualquier ser humano, no afectará únicamente a un sector. La IA asumirá trabajos en el ámbito jurídico, la atención al cliente, la medicina, el software y la industria manufacturera. Su impacto en ellos será rápido: se producirá en el transcurso de una década en lugar de varias generaciones. Habrá algunos puestos de trabajo nuevos, pero sin las políticas adecuadas habrá muchos menos de los que existen hoy.

Si alguien tuviera un plan creíble para frenar los avances de la IA a nivel mundial, probablemente lo apoyaría. Sin embargo, no creo que eso vaya a suceder. Los incentivos geopolíticos y económicos presionan con demasiada fuerza en favor de seguir adelante a toda velocidad.

Para maximizar los efectos positivos de esta tecnología sin precedentes y minimizar los negativos, de modo que el balance general nos resulte favorable, debemos comprender tanto los beneficios como los riesgos. Empezaré por los riesgos.

La transición a la IA conlleva tres grandes riesgos

Tengo pensado escribir sobre cada uno de ellos con más detalle en el futuro, así que por ahora solo los mencionaré brevemente.

Muchos puestos de trabajo desaparecerán para siempre

En 1933, durante la Gran Depresión, el desempleo en Estados Unidos era de aproximadamente el 25 %. Se mantuvo en cifras de dos dígitos durante gran parte de la década siguiente. Finalmente, el nivel de empleo se recuperó al repuntar la demanda, la inversión y el crecimiento.

Puede que la IA no alcance este nivel, pero su impacto no desaparecerá con un ciclo económico. Los puestos de trabajo que corren mayor riesgo son los de nivel inicial e intermedio, y los nuevos puestos que se creen requerirán, en su mayoría, competencias que llevan muchos años adquirir.

Los puestos de oficina ya se están viendo ligeramente afectados. Tras la adopción generalizada de la IA generativa, el empleo disminuyó significativamente entre los trabajadores jóvenes en puestos especialmente vulnerables a la sustitución, pero no entre sus compañeros de más edad.

Creo que esta tendencia continuará, pero no se limitará a un puñado de sectores u ocupaciones. Los puestos de trabajo en ventas y atención al cliente (en línea y por teléfono), ingeniería de software y asistencia jurídica podrían ser de los primeros en verse afectados, pero la disrupción llegará mucho más lejos a medida que la IA asuma tareas que hoy en día aún requieren trabajadores capacitados: evaluar solicitudes de préstamo, hacer análisis de datos e incluso realizar el triaje de pacientes. Algunas áreas, como la ingeniería de software, generarán nueva demanda a medida que bajen los costos, por lo que la pérdida neta de empleo en esos ámbitos será menor que en otros, siempre y cuando los seres humanos sigan haciendo mejor algunas tareas, como el diseño.

Los empleos manuales también se verán afectados. Aunque los robots no están tan avanzados como la IA, con el tiempo su costo también se reducirá drásticamente. Muchos estadounidenses con los que hablo no se dan cuenta de lo rápido que progresan los robots diestros porque gran parte del trabajo más avanzado se está realizando en otros países, principalmente en China. O quizá los confundan esos vídeos de robots bailando mal que se han vuelto virales últimamente. Creo que los robots «inteligentes» empezarán a competir con las personas en algunas tareas físicas —en los sectores de la construcción y la hostelería, por ejemplo— a finales de la década.

La combinación de robots e inteligencia artificial puede crear un círculo vicioso. Una vez que una empresa los adopte y utilice los ahorros para bajar sus precios, sus competidores sentirán una enorme presión para hacer lo mismo. Si no los adoptan las empresas ya establecidas, lo harán las emergentes. Muchas personas pasarán a otros puestos de trabajo, pero el trastorno que supone perder el empleo, volver a capacitarse y encontrar otro será considerable. Las fuerzas del mercado harán que la adopción sea cada vez más rápida y, a menos que intervengamos, habrá menos empleos de calidad y los beneficios recaerán en un pequeño grupo.

Me preocupan especialmente los jóvenes, que se incorporarán a un mercado laboral con menos puestos de nivel inicial. Comprenden el desafío porque son los usuarios más activos de la IA y ven tanto sus capacidades como su ritmo de mejora. No es de extrañar que muchos de ellos tengan una opinión negativa sobre la IA.

El mayor cambio para los trabajadores se producirá cuando la IA realice un trabajo prácticamente sin errores. En ese momento, podrá funcionar por sí sola sin que un humano la supervise, y las empresas tendrán todos los incentivos económicos para permitirlo.

Esto conducirá a un cambio fundamental en nuestra forma de concebir el trabajo, los ingresos y la seguridad económica. ¿Cómo funcionará una economía construida en torno al empleo si hay menos personas trabajando o si muchas de ellas trabajan menos horas?

En una sociedad capitalista, el empleo es el medio por el cual la mayoría de las personas obtiene el dinero necesario para cubrir sus necesidades básicas, además de ser una fuente clave de dignidad y conexión social.

Cuando una comunidad tiene un alto nivel de desempleo, los efectos de onda pueden ser generalizados. Las investigaciones sugieren que, en algunas partes de Estados Unidos, los cierres de fábricas contribuyen al aumento de las muertes por sobredosis de opioides. Ahora imaginemos presiones similares tanto sobre los trabajadores de oficina como sobre los obreros en todo el país.

Tenemos que pensar ahora en cómo reducir la pérdida de empleos para que todos puedan compartir la prosperidad que genera la IA. Esperar a que las personas ya hayan sido desplazadas o estén subempleadas será demasiado tarde. La IA supone un desafío estructural para la forma en que está organizada nuestra economía y requiere reflexión y acción ahora mismo.

La IA permitirá a las personas (y quizás a las propias IA) causar más daño

Mucho antes de que la IA se popularizara, ya existía información en Internet sobre cómo fabricar bombas, armas biológicas e incluso virus informáticos. La IA hará que sea mucho más fácil no solo obtener esta información, sino también ponerla en práctica. Incluso los delincuentes con habilidades muy limitadas podrán atacar a víctimas a cualquier escala: particulares, empresas y gobiernos.

El fraude, la desinformación, los deepfakes y la vigilancia basados en la IA son los daños que muchas personas sentirán más intensamente en su vida cotidiana.

Las capacidades de la IA están empezando a utilizarse para ciberataques. Los expertos en ciberseguridad más brillantes que conozco temen por los próximos años, porque los atacantes están adquiriendo nuevas y potentes capacidades más rápido de lo que los defensores consiguen corregir todas las debilidades. Al fin y al cabo, el mismo modelo de IA que puede encontrar una falla de software para que una empresa la solucione también puede ayudar a un delincuente a explotarla. Los recursos necesarios para realizar un ataque se están reduciendo significativamente y no hemos sido capaces de separar esas capacidades de un uso benigno.

Pensemos en la infraestructura que será vulnerable: hospitales, instituciones financieras, sistemas de abastecimiento de agua, redes eléctricas y sistemas de gestión de prestaciones públicas. Cuando se ataca a estas instituciones, los pacientes, los clientes y los beneficiarios de dichas prestaciones son quienes salen perdiendo.

Lo mismo ocurre con el bioterrorismo. Aunque la IA traerá avances que salvarán vidas en el desarrollo de medicamentos y vacunas, también facilitará el diseño de una nueva enfermedad mortal. Una vez más, las capacidades positivas son difíciles de separar de las peligrosas. Se trata de un problema global.

Los riesgos que acabo de mencionar tienen que ver con el modo en que la IA dará poder a actores malintencionados que hoy tienen relativamente poco. Esas mismas herramientas concentrarán además el poder allí donde ya existe. Las armas autónomas, por ejemplo, harán que los gobiernos sean aún más capaces de emplear la fuerza letal sin que un ser humano participe en la decisión. Monitorear y manipular la opinión pública será más fácil y barato, y también más eficaz.

Con el tiempo, el poder de utilizar la IA para dañar a las personas no se limitará a individuos o instituciones. En ocasiones, los propios sistemas de IA ya actúan de formas que sus diseñadores no previeron. La tecnología está mejorando más rápido de lo que nadie esperaba y de maneras sorprendentes; a medida que los modelos se vuelvan más potentes, podrían empezar a actuar en contra de nuestros intereses y podríamos perder el control. Hablaré más sobre esto en el futuro.

La IA podría frenar el desarrollo de nuestros hijos y reemplazar las relaciones humanas

Durante mi infancia en Seattle, no tenía muchos amigos aparte de unos cuantos chicos que eran como yo. Desarrollar mis habilidades sociales para poder relacionarme con diferentes tipos de personas me exigió mucho esfuerzo y mucha ayuda de mi madre. Aún hoy, a mis 70 años, sigo recurriendo a esas lecciones.

Dudo que hubiera dedicado el mismo esfuerzo si hubiera tenido un compañero de IA en aquella época. Te hablan de maneras que ya te resultan cómodas. No te sacan de tu zona de confort. Siempre están disponibles y nunca se enojan contigo. Esto les da el potencial de volverse sumamente adictivos y de privarnos de las lecciones que aprendemos al conectar con otras personas.

La evidencia sobre este tema aún es escasa y algo contradictoria, pero hay indicios de que deberíamos estar muy preocupados. Por ejemplo, en un estudio realizado con más de 1100 personas que utilizan compañeros de IA, investigadores de Stanford y Carnegie Mellon descubrieron que quienes tenían círculos sociales más reducidos eran los más propensos a recurrir a un chatbot en busca de compañía. Y cuanto más intenso y emocionalmente personal se volvía ese uso, peor se sentían.

Los jóvenes podrían verse afectados durante toda su vida. En su libro The Anxious Generation, Jonathan Haidt hace una observación sobre el efecto de las redes sociales que resulta aún más cierta en el caso de la IA: «Al igual que los árboles jóvenes expuestos al viento, los niños que se exponen habitualmente a pequeños riesgos crecen hasta convertirse en adultos capaces de afrontar riesgos mucho mayores sin entrar en pánico. Por el contrario, los niños que se crían en un invernadero protegido a veces quedan incapacitados por la ansiedad antes de alcanzar la madurez».

Un compañero de IA diseñado para que nunca te sientas incómodo es un gran invernadero protegido.

Apenas estamos empezando a comprender los peligros que Internet —especialmente las redes sociales— puede suponer para el desarrollo de los jóvenes. Estamos viendo un uso compulsivo, alteraciones del sueño, ciberacoso y exposición a contenido nocivo. La IA podría magnificar muchos de estos riesgos al hacerlos más persuasivos y difíciles de eludir, y no deberíamos esperar a que pase otra generación para empezar a tomarlos en serio. Países como Australia, el Reino Unido y Noruega están adoptando medidas de protección en línea para los niños. China es el país que ha ido más lejos. Su normativa restringe de forma amplia las aplicaciones de compañía con IA, veta los diseños que fomentan la dependencia emocional y prohíbe los familiares y las parejas sentimentales virtuales para los menores.

También me preocupa el impacto de la IA en la educación. Irónicamente, la misma herramienta que permitirá a las personas aprender más que nunca también podría hacer que muchas personas aprendan menos. Una encuesta preliminar sugirió que un mayor uso de la IA se asociaba a un menor pensamiento crítico. Este efecto era más fuerte entre los más jóvenes.

Este sería el peor momento posible para que los seres humanos pierdan su pensamiento crítico. En una era de deepfakes y de desinformación hecha a la medida de cada persona, la capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso se convierte en una habilidad esencial para la vida.

No está claro dónde trazar la línea respecto a estos problemas psicosociales. En algunos casos, la IA puede ayudar a las personas a entender cómo mejorar en sus relaciones humanas. Puede que sea el único contacto con el mundo exterior para las personas mayores que viven aisladas y para quienes tienen movilidad reducida, y será mejor que nada. Dondequiera que terminemos trazando esta línea, debe ser una decisión nuestra, tomada de manera intencionada.

Las cosas buenas que hagamos con la IA podrían ser muy, muy buenas

A menudo se dice que sobreestimamos cuánto cambiarán las cosas a corto plazo y subestimamos cuánto cambiarán a largo plazo.

Con la IA, veo que ocurre algo diferente. Algunas personas solo ven el lado positivo de la IA y no prestan suficiente atención a los aspectos negativos. Otras cometen el error contrario: centrarse exclusivamente en los peligros —que son reales— a costa de pasar por alto los posibles beneficios.

Necesitamos ambas cosas: una profunda preocupación por los daños de la IA que debemos minimizar y un optimismo fundamentado respecto a los aspectos positivos si los maximizamos para todos.

Maximizar los beneficios es tan importante como minimizar los daños. Si las personas ven cómo la IA les facilita la vida, esto ayudará a generar la confianza pública necesaria para gestionar las partes más difíciles de la transición. Si lo primero que hace la IA en la vida de la mayoría de las personas es quitarles el trabajo, quienes ya son escépticos al respecto la rechazarán de plano. Esto dificultará que alguna vez se materialicen sus beneficios, y es otra razón por la que los gobiernos, las industrias —incluida la médica— y las empresas de IA deberían estar colaborando ahora mismo.

Gracias a su capacidad para sintetizar conocimientos de todos los campos científicos, la IA puede acelerar la innovación frente a los retos técnicos más difíciles del mundo: proporcionar energía limpia y confiable para todos, combatir el cambio climático, cultivar suficientes alimentos, erradicar enfermedades y mucho más. Los investigadores que trabajan en tratamientos contra el cáncer o en energía nuclear pueden utilizar la IA para analizar enormes cantidades de literatura científica. Puede ayudarles a identificar patrones que un ser humano podría pasar por alto y a decidir qué experimentos son los más prometedores. Cuando la inteligencia deje de ser el factor limitante que es hoy en día, las empresas más pequeñas podrán competir con organizaciones que cuentan con presupuestos de investigación mucho mayores. La I+D y la innovación se verán potenciadas al máximo.

La atención médica es un área en la que la IA puede ayudar a resolver problemas del mundo real. Muchos hospitales pequeños en Estados Unidos carecen de especialistas en el propio centro que puedan diagnosticar rápidamente a un paciente durante una emergencia potencialmente mortal. En esos lugares, la IA podría asegurar que un infarto se detecte a tiempo y que una familia evite el gasto abrumador de una emergencia médica. Viz.ai es un ejemplo. Analiza imágenes médicas para detectar accidentes cerebrovasculares y otras emergencias, y ayuda a los equipos médicos a coordinar la atención de sus pacientes. Se está utilizando en casi 2000 hospitales de EE. UU.

La IA también ayudará a los médicos de atención primaria a hacer mejores diagnósticos y a mantenerse en contacto con sus pacientes cuando no estén en la clínica. Ayudará a los pacientes a entender los resultados de los análisis y las complicadas pautas para tomar sus medicamentos.

Sorprendo a mucha gente cuando digo que una segunda área, la agricultura, es donde veo el impacto más rápido de la IA en los países de bajos ingresos. En la mayoría de los países de bajos ingresos, los agricultores no reciben pronósticos meteorológicos confiables ni asesoramiento sobre qué semillas plantar, cómo proteger sus cultivos y su ganado de las enfermedades o cómo mejorar su suelo. Con el crecimiento demográfico en estos países y los desafíos del cambio climático, estos agricultores necesitan más ayuda que nunca. Con la ayuda de la IA, los agricultores de bajos ingresos pronto recibirán mejor asesoramiento sobre todas estas cuestiones del que reciben hoy en día incluso los agricultores más ricos, y aumentarán su producción de manera sustancial.

Los servicios gubernamentales son una tercera área en la que la IA puede facilitar la vida de las personas. En Estados Unidos, he conocido a familias que, de manera comprensible, estaban abrumadas por el proceso de solicitar un seguro médico, ayuda estudiantil o asistencia alimentaria. Frente a una enorme pila de complicados formularios burocráticos, muchos sentían ganas de rendirse. La IA puede agilizar los trámites drásticamente para que obtengan la ayuda que necesitan más rápido y el Gobierno pueda operar con mayor eficiencia. Los gobiernos pueden mejorar considerablemente la experiencia de los ciudadanos, empezando por quienes más necesitan los servicios de su red de seguridad social.

A pesar de mis preocupaciones sobre su impacto en nuestra salud mental, creo que la IA también puede ayudar mucho en ese aspecto. La mayoría de las comunidades tienen muy pocos consejeros, psiquiatras y especialistas en adicciones. Con las salvaguardas de privacidad adecuadas, las herramientas de IA podrían ayudar a las personas a reconocer señales de advertencia. Luego, de ser necesario, podrían ofrecer estrategias de afrontamiento basadas en la evidencia y trabajar en equipo con un profesional humano para proporcionar un tratamiento más oportuno.

La IA también puede ser una bendición para la educación, a pesar de las preocupaciones que mencioné antes. Puede dar más libertad a los profesores para que dediquen más tiempo a trabajar con los alumnos de forma individual o en pequeños grupos, y ofrecerles una visión más clara de dónde está teniendo dificultades toda la clase. Para los alumnos, una herramienta de IA que preserve lo que los investigadores denominan «esfuerzo productivo» —el trabajo cognitivo que desarrolla la comprensión— puede fortalecer el aprendizaje. Cuando un alumno se enfrenta por primera vez a una idea nueva, la IA ofrece explicaciones sustanciales y propone tanto preguntas como respuestas. Más tarde, al comprobar su comprensión, se reserva la respuesta y lo ayuda a llegar a ella por sí mismo.

En conjunto, los avances en todas estas áreas podrían hacer la vida cotidiana más fácil, más asequible y menos limitada por los ingresos o los contactos de una persona.

La IA podría dar a particulares y pequeñas empresas acceso a capacidades que hoy requieren una costosa ayuda profesional o grandes equipos de trabajo, a la vez que hace que los productos y servicios sean mejores y más baratos. Podría ayudar a las personas con discapacidad a vivir de forma más independiente y permitir a los trabajadores y emprendedores con buenas ideas lograr mucho más de lo que pueden en la actualidad.

Y lo que es más importante, podría devolver a la gente parte del tiempo y la atención que hoy absorben el papeleo, la burocracia, la búsqueda de información confiable y las tareas que no puede permitirse encargar a otra persona. Estos beneficios pueden parecer modestos, pero multiplicados por millones de vidas, serían profundos: más personas recibirían un buen asesoramiento cuando lo necesiten y tendrían mayor libertad para centrarse en las vidas que desean construir.

En todas estas áreas, la palabra clave es «puede»: la IA puede mejorar la vida de las personas en todos los niveles de ingresos. Pero no lo hará automáticamente. Al igual que con cualquier tecnología nueva, debemos actuar de manera deliberada para asegurarnos de que beneficie a todos y no solo a unos pocos ricos. Esto exigirá que los gobiernos y la filantropía desempeñen un papel determinante para que los ciudadanos con menos recursos y los países de bajos ingresos sean beneficiarios plenos.

A la Fundación Gates le quedan 19 de los 20 años en los que gastará los 200 000 millones de dólares restantes. La IA le ayudará a alcanzar sus ambiciosos objetivos, tanto acelerando el descubrimiento de vacunas y medicamentos contra el VIH, la tuberculosis, la malaria y la desnutrición, como enseñando al personal sanitario y a los pacientes a usar esas herramientas. Los objetivos de la fundación incluyen reducir a la mitad, una vez más, el número de niños que mueren cada año, tal y como se logró entre 2000 y 2024. Todo nuestro trabajo, no solo en salud, sino también en agricultura y educación, aprovechará al máximo la IA.

Escribiré mucho más sobre este trabajo el mes que viene en el informe anual «Goalkeepers» de la fundación, incluido nuestro empeño por garantizar que los modelos de IA estén disponibles en los idiomas que hablan las personas de todos los países donde apoyamos proyectos, y no solo en los idiomas habituales de los países ricos y de ingresos medios. Muchas de las principales empresas de IA, como OpenAI, Anthropic, Google y Microsoft, colaboran con la fundación en todas estas iniciativas, lo que está marcando una gran diferencia.

El mundo necesita un plan

Es estupendo que algunas empresas de IA propongan soluciones a los retos que plantea su propia tecnología, pero no debemos esperar que sean ellas quienes lideren la iniciativa. Algunas de estas cuestiones quedan fuera de su área de experticia y, en una sociedad democrática, no les corresponde a ellas decidir sobre estos asuntos.

En su lugar, las soluciones deben desarrollarse mediante un proceso democrático público que incluya a representantes electos, responsables políticos, educadores, profesionales sanitarios, autoridades locales y líderes comunitarios. La vida de millones de personas se verá alterada, y necesitaremos una red de seguridad social más sólida y flexible para ayudarlas a gestionar la transición. Las comunidades locales ya están expresando su preocupación por la energía y el agua que necesitan los centros de datos. Sin soluciones, algunos grupos presionarán para que se detenga por completo el desarrollo y el despliegue de la IA.

Las soluciones deben moldearse a partir de nuestras respuestas a las profundas preguntas que plantea la IA, entre ellas, cómo preservar nuestra humanidad en una época en la que las máquinas pueden pensar mejor que nosotros. Como personas que dedican su vida a reflexionar sobre lo que significa ser humano, los líderes religiosos pueden desempeñar un papel clave en esto. Me fascinó la encíclica del papa León XIV sobre la IA, «Sobre la protección de la persona humana en la era de la inteligencia artificial». Sienta unas bases sólidas para el trabajo que se debe realizar.

En los próximos meses, compartiré más ideas para garantizar que los beneficios de la IA superen los perjuicios que causa. Aquí van tres para empezar, y la primera es la que considero más importante.

Crear un nuevo sistema para gestionar la transición

La máxima prioridad es una tarea monumental: crear un marco nacional e internacional para abordar la IA.

Ninguna de nuestras instituciones actuales se diseñó para gestionar una tecnología que se propaga tan rápido y afecta a tantos aspectos de nuestras vidas. Por lo tanto, necesitaremos crear otras nuevas.

Es difícil exagerar la magnitud de esta tarea. Tras los atentados del 11 de septiembre, el Gobierno de los Estados Unidos llevó a cabo su mayor reorganización desde la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de mejorar una sola función: la seguridad nacional.

La IA exigirá mucho, mucho más. Afectará a la seguridad nacional, así como al empleo, la educación, la fiscalidad, la energía, las elecciones, el aire y el agua, la salud pública, el sistema financiero, las fuerzas del orden, el transporte, los terrenos públicos y los sistemas informáticos.

Estos sectores se solapan de formas que nuestra burocracia actual no está preparada para gestionar. Un departamento de trabajo puede comprender la disrupción de la fuerza laboral, pero no el riesgo de seguridad. Un regulador comercial puede comprender la concentración del mercado, pero no los efectos de la IA en los niños y adolescentes. Si se las deja actuar por su cuenta, las instituciones solo verán una parte del sistema, mientras que las consecuencias de la IA tendrán un efecto de onda en todo él.

A nivel nacional, los países necesitarán entidades capaces de establecer prioridades entre los distintos organismos gubernamentales. El objetivo será asegurarse de que se tengan en cuenta todos los riesgos. De lo contrario, un ataque con IA podría tener éxito porque nadie pensó que fuera su responsabilidad detenerlo.

Pero incluso un país que ponga su propia casa en orden seguirá expuesto a riesgos que traspasan las fronteras. Por eso será necesario crear, en paralelo, una organización internacional.

Será diferente a cualquier otra institución que hayamos creado, aunque pueda seguir el modelo de algunos sistemas existentes. Hay un régimen de inspecciones para las armas nucleares, normativas para la aviación internacional y acuerdos que protegen la capa de ozono. Una nueva organización mundial para la IA necesitará elementos de los tres, y algunos más.

Cabe preguntarse si las instituciones mundiales están a la altura de la tarea de diseñar y poner en marcha esta nueva arquitectura. Los gobiernos avanzan despacio, si es que lo hacen, y la polarización dentro y entre los países hace que sea más difícil que nunca lograr resultados. Será necesaria cierta cooperación entre EE. UU. y China.

No podemos permitirnos el lujo de actuar con lentitud. El punto de partida debe ser un proceso para crear las instituciones adecuadas antes de que la disrupción obligue a los gobiernos a entrar en modo de crisis. Los líderes nacionales deberían reunir periódicamente a economistas, tecnólogos, expertos laborales, líderes empresariales y a los propios trabajadores para identificar dónde están fallando las instituciones existentes y qué nuevas competencias podrían hacer falta. Los países tendrán que aprender unos de otros.

Y los países que albergan a los principales desarrolladores de IA y controlan partes críticas de la cadena de suministro deberían empezar a reunirse ahora para establecer normas comunes, antes de que la presión competitiva dificulte su cooperación.

Construir el marco del que hablo llevará años, por eso debemos empezar ahora.

Reservar algunos puestos de trabajo para los humanos

Mi padre falleció de alzhéimer en 2020. En las últimas etapas de su enfermedad, fue atendido día y noche por cuidadores remunerados que lo entendían incluso cuando le costaba expresarse. No siempre podía decirles cuándo tenía hambre, pero ellos siempre lo sabían.

Mi familia y yo siempre estaremos agradecidos a ese increíble grupo de profesionales. Había algo irreemplazablemente humano en los cuidados que le brindaron a mi padre. Ningún robot podría ni debería haberlo hecho.

Pienso en ese equipo cuando surge la pregunta de qué puestos de trabajo desaparecerán y cuáles permanecerán. Creo que, a medida que la IA y los robots mejoren, reservaremos ciertas cosas para que solo las hagan las personas. He empezado a llamar a este ámbito «Reservado para humanos», y es un ejemplo del tipo de ideas que tendremos que considerar.

Me gusta la expresión «Reservado para humanos» porque me hace pensar en las reservas naturales: lugares donde podríamos construir edificios y carreteras, pero decidimos no hacerlo porque la pérdida sería demasiado grande.

Podríamos declarar algo «Reservado para humanos» por motivos económicos. Por ejemplo, podríamos hacerlo porque permitir que las máquinas asuman un papel determinado desplazaría a un gran número de personas que no pueden cambiar fácilmente de empleo. No puedes decirle a una persona de 55 años que ha trabajado en la construcción durante toda su vida laboral que tiene que irse a trabajar a un centro de atención a personas mayores y esperar que le resulte gratificante.

A veces, la decisión de catalogar algo como «Reservado para humanos» vendrá motivada por otros factores. En el ámbito de la salud, por ejemplo, imagina que un robot te da la terrible noticia de que padeces una enfermedad incurable. No hay ninguna razón técnica por la que no pudiera hacerlo. Sin embargo, no debería.

El ámbito «Reservado para humanos» evolucionará con el tiempo; por ejemplo, deberíamos considerar la posibilidad de reservar algunos puestos de trabajo ahora e introducir la IA gradualmente a lo largo de años o décadas, con el compromiso de preservar ciertos empleos. Algunas áreas, como la educación y la atención de la salud mental, serán una mezcla, con un ser humano al mando que utilice la tecnología para ampliar lo que puede hacer.

Los límites también variarán de un lugar a otro. Algunos países podrían insistir en que sean los humanos quienes cuiden de las personas mayores. Pero un país como Japón, que cuenta con una fuerza laboral en declive y no tiene suficientes jóvenes para cuidar de ellas, podría acoger con agrado a un robot asistencial.

La idea de lo «Reservado para humanos» plantea una gran cantidad de preguntas para las que no tengo respuesta. ¿Quién decide qué reservamos para los humanos? ¿Qué criterios deberíamos utilizar? ¿Cómo evitamos que las empresas hagan trampa y utilicen robots de todos modos? ¿Qué ocurre con el comercio internacional cuando un país permite que los robots fabriquen algo y otro país no? Estas cuestiones deberán resolverse públicamente como parte del plan de transición.

Reequilibrar la forma en que gravamos el trabajo y el capital

A medida que los trabajadores se vean empujados hacia otros puestos de trabajo, necesitarán recapacitación y otro tipo de apoyo de la red de seguridad social. Pero trabajarán menos, lo que significa que pagarán menos impuestos sobre la renta, y los ingresos públicos disminuirán justo cuando la demanda de esos servicios sea mayor. Los fondos tendrán que salir de alguna parte en un momento en el que los presupuestos están al límite.

Creo que deberíamos gravar los tokens de IA y los robots. En la actualidad, si eres empleador y contratas a alguien, pagas impuestos sobre la nómina por sus ingresos. Pero si compras un robot, por lo general puedes deducirlo de inmediato como gasto empresarial. El sistema tributario te empuja a reemplazar a las personas por máquinas.

Un impuesto frenaría un poco el abandono de la mano de obra humana y recaudaría fondos para la recapacitación y una red de seguridad social más sólida. Tendría que estar bien orientado para no entorpecer los usos puramente beneficiosos de la IA, como abaratar la medicina y la educación.

Los críticos de esta idea señalan que no es óptimamente eficiente en un sentido económico, pero no tienen en cuenta el valor más amplio del trabajo para las personas y la sociedad. Y con toda la innovación acelerada que tendremos, podremos permitirnos un poco de ineficiencia como precio por mantener a las personas empleadas.

Hace años propuse un impuesto a los robots y la reacción de la mayoría fue que se trataba de una idea extraña. Sigo siendo un firme defensor de esta medida. Aunque no es la solución completa a la amenaza de la IA, forma parte de una respuesta sensata.

Independientemente de cómo recaudemos fondos para brindar más asistencia, estos deben llegar a las personas que más los necesitan, incluidos los trabajadores que pierden sus empleos a causa de la IA y los robots, las personas a las que se les reducen las horas o el salario, y las comunidades donde se concentran las pérdidas. Tenemos que empezar a hacer ese trabajo ahora para que los sistemas estén preparados cuando la necesidad se agudice.

Lo que estoy haciendo

Utilizaré mi voz y mi tiempo para lograr que la IA y la equidad ocupen un lugar más destacado en la agenda pública. Plantearé el tema a los legisladores cada vez que visite Washington D. C. y cuando me reúna con líderes de todo el mundo. Será un tema central en mis conversaciones con las personas que están desarrollando modelos de IA. Abogaré por el marco nacional e internacional que describí anteriormente. La Fundación Gates ayudará a impulsar su uso beneficioso, también en África. Breakthrough Energy, una compañía que fundé, utilizará la IA para ayudar a las empresas a desarrollar energía limpia y barata, y así contribuir a resolver el problema climático. También escribiré sobre la IA con regularidad.

Mi mensaje a los líderes es:

Tienen la oportunidad de actuar ahora, antes de que el desempleo aumente drásticamente, las comunidades se vean afectadas y la confianza pública se erosione. Pueden asegurarse de que su gobierno aborde el problema de forma integral, en lugar de dividirlo en múltiples feudos burocráticos. Pueden asegurarse de que la IA beneficie a todos. Y pueden colaborar con otros gobiernos para hacer frente a este reto nacional y global.

Por último, intentaré ampliar el círculo de personas que dan forma a este debate. Ese círculo debería incluir a trabajadores, estudiantes universitarios que están a punto de incorporarse al mercado laboral, líderes comunitarios, líderes religiosos y organizaciones confesionales, padres, educadores y otras personas cuyas voces a menudo no se escuchan, pero que tienen una visión clara de cómo la transición afectará a la vida de la gente.

¿Cómo garantizamos que los beneficios de la IA lleguen a las personas que aún no disponen de riqueza, influencia ni acceso?

¿Cómo reforzamos la red de seguridad social y ayudamos a los trabajadores y a las comunidades a prosperar incluso cuando se ven desplazados?

¿Cómo deberían adaptarse las instituciones públicas?

¿Y cómo preservamos nuestra humanidad en medio de todo esto?

Esta tecnología sin precedentes exige una respuesta global sin precedentes. Si lo hacemos bien, la recompensa para la humanidad será fenomenal y el mundo será un lugar más equitativo.

Rara vez dejo de pensar en la IA, no porque tenga todas las respuestas, sino porque las preguntas que plantea son demasiado trascendentales como para dejarlas en manos de un pequeño grupo de tecnólogos. Los líderes del mundo académico, empresarial, gubernamental y de la sociedad civil tienen todos un papel que desempeñar para dar forma a lo que vendrá.


Publicación original: Bill Gates (2026) The turbulent AI era is here. The choices we make now are critical., Gates Notes, 26 de agosto.